HACIA UNA EDUCACIÓN TEOLÓGICA INTERCULTURAL
(Varias entradas)

(Ponencia presentada en el 2do Congreso Nacional de la Educacion
Cristiana llevado a cabo en Cochabamba del 14 al 16 de julio de 2011.)

Dr. Matthias Preiswerk
Servicios Pedagógicos y Teológicos

A manera de sintetizar el alance y propósito de mi contribución planteo unas preguntas motivadoras:

  • ¿En qué se parecen y se diferencian la Educación Teológica de la Educación Cristiana?
  • Las y los hermanos que quieren calificar su ministerio cristiano, al margen del pastorado, sea como educador, diácono, misionero, etc. ¿encuentran una formación adecuada en nuestros seminarios?
  • Nuestros programas de Educación Teológica ¿responden a nuestro contexto socio-económico, cultural, religioso, etc.?
  • La Educación Teológica ¿toma en cuenta las necesidades, las expectativas de las y los estudiantes?
  • Nuestra Educación Teológica ¿tiene fundamentos bíblico-teológicos, pastorales y pedagógicos sólidos?
  • ¿Es necesario y pertinente que la Educación Teológica sea denominacional?
  • ¿Dónde se produce, enseña y publica un pensamiento evangélico propio en Bolivia?

Señalo a continuación nueve puertas de entrada a mi tema anunciado que no se podrá desarrollarlas ni mínimamente:

  • Entrada bíblica
  • Diagnóstico de nuestra Educación Teológica
  • La Educación Teológica como parte de la Educación Cristiana
  • Contexto multicultural de la Educación Teológica en Bolivia
  • Entrada biográfica a la interculturalidad
  • La interculturalidad como proyecto y esperanza
  • Qué clase de teología necesitamos
  • Qué clase de pedagogía necesitamos
  • Propuestas para una Educación Teológica intercultural.

I. ENTRADA BÍBLICA

"Les contó otra parábola:
El reino de los cielos se parece a la levadura: una mujer la toma, la mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta." Mateo 13: 33.

"Jesús les dijo:
–¡Pongan atención y cuídense de la levadura de los fariseos y saduceos!
Ellos comentaban:
–Se refiere a que no hemos traído pan. (…)
Entonces entendieron que no hablaba de cuidarse de la levadura del pan, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceos." Mateo 16: 6, 7 y 12

El Evangelio opone dos tipos de levaduras.
La levadura que sirve, la que Jesús utiliza como imagen del Reino, es un producto impuro, algo que se descompone, algo que desaparece en la masa, algo que hace fermentar.

La otra levadura mencionada por Mateo es de un tipo diferente: se presenta como pura, moral, razonable, perdurable, algo que no se mezcla. Es la enseñanza de los mejores educadores teológicos de la época: una levadura dañina de la que hay que cuidarse.

Curiosidad del Evangelio: de un lado lo impuro que favorece el crecimiento del Reino, del otro lado lo considerado como puro que va en contra de ese mismo Reino.

¿A cuál de esas levaduras se parece la Educación Teológica que impartimos en nuestros institutos, seminarios o facultades de teología?

II. BREVE DIAGNÓSTICO DE NUESTRA EDUCACIÓN TEOLÓGICA

Destacaré las principales características de lo que llamamos Educación Teológica (ET) en nuestros Seminarios, comunidades e iglesias.

a.  Pastorcéntrica
La gran mayoría de las instituciones y de los programas de ET están concebidos a partir de la imagen y de la función de un pastor que, gracias a su formación bíblica, teológica, doctrinal, moral, etc., tendrá autoridad y poder para actuar por encima de su congregación, por encima de laicos o miembros comunes. Con honrosas excepciones la ET no prepara para otros tipos de ministerio.

b.  Formal y con pretensión académica
La ET se traduce en materias, en horas de estudios, en programas, en títulos etc. Requiere generalmente una formación secundaria completa, aunque cada vez una mayor cantidad de iglesias tiene ministros que no lograron ese requisito. Los programas están construidos sobre un modelo escolar progresivo con énfasis más sobre los conocimientos que sobre las habilidades o los valores.

c.  De origen misionero y a veces colonial
La ET ha llegado a nuestros países en las valijas de los misioneros y muchas veces sigue llegando así aunque las maletas se hayan vuelto virtuales. Dentro de la historia y del contexto nuestro, la ET tiene muchos rasgos coloniales: no trae el "Evangelio puro" sino ejemplos, interpretaciones, literatura, prácticas pastorales, modelos eclesiales, liturgias e himnologías que nacieron muchas veces en el mundo anglosajón o, en todo caso, en culturas bien diferentes a las nuestras.

Se puede decir que la ET en nuestro país es generalmente monocultural.

d.  Dependiente
La ET es dependiente en lo bíblico-teológico, en lo pedagógico, y obviamente en lo económico. Es una tarea cara en la medida que requiere de profesionales sólidamente formados, de bibliotecas especializadas, de un tiempo considerable de estudio. No genera ganancias económicas y no está relacionada con la producción ni con el mercado de trabajo. Cuesta muy caro formar a una o a un teólogo y la sociedad no lo reconoce como a un profesional útil.

e.  Denominacional
Cada denominación se antoja tener un seminario teológico propio que garantice la pureza de su doctrina particular, la formación de pastores según un patrón original, destinado a líderes de la misma iglesia, formados docentes, libros y programas de la misma tradición.

Visto desde afuera el panorama no es más alentador y la ET da muchas veces la imagen de ser:

a.  Discriminatoria
Muchas mujeres no pueden acceder a la ET.
Las personas que habiendo abrazado el Evangelio mantienen lazos profundos con sus creencias ancestrales, toman alguna postura política radical, tienen opciones sexuales diferentes, tendrán que ocultarlas en el seminario si quieren seguir estudiando teología.

b.  Aislada social y culturalmente
La ET es poco contextualizada, poco inculturada. No tiene mayor incidencia en el debate público, en los medios de comunicación, en la cultura, en los partidos o movimientos sociales.
A veces está aislada de la propia iglesia.

En síntesis la ET aparece a la gente de a pie como algo reservado a futuros pastores y que exige un esfuerzo intelectual que no está al alcance de todos.

III. LA EDUCACIÓN TEOLÓGICA ES PARTE DE LA EDUCACIÓN CRISTIANA

Muchos educadores teológicos, en particular los que ostentan títulos académicos, se sienten rebajados cuando se los considera como educadores cristianos: ellos reivindican ser más que eso. En el marco de este Congreso, pretendo desmontar esta separación y pretendida superioridad de la ET respecto a la Educación Cristiana (EC).

Dos tipos de definiciones de la Educación Cristiana

Considero fundamental discernir entre lo que es realmente la EC, empírica y sociológicamente hablando y lo que debe ser en términos pastorales o teológicos. El confundir estos planos trae consecuencias funestas.

a.  Definición sociológica
La Educación Cristiana es el conjunto de las prácticas educativas realizadas por personas, comunidades e iglesias que lo hacen desde su fe cristiana. Se lleva a cabo en los diferentes campos de la educación: formal (escolar por ejemplo), no-formal (como educación de adultos y Educación Popular) e informal (brindada por la familia, la comunidad de fe o el medio social).

b.  Definición teológica
La EC es una práctica educativa liberadora conducida por el Espíritu de Cristo a través de un conjunto complejo e interactivo de múltiples factores existenciales, cognitivos, celebrativos, éticos, artísticos, políticos, emocionales, corporales que conllevan al seguimiento personal y comunitario de Jesús de Nazaret y a la anticipación del Reinado de Dios. Por lo tanto la EC pasa por la contemplación, por la celebración, por la transmisión de conocimientos, por la concientización ligada a una práctica política transformadora, por el goce de la vida, etc. pero no se reduce a ninguno de estos elementos.

La EC es un acto segundo en relación con la gracia, con la acogida de la fe y por esto es primero un acto de silencio. La EC es consecuencia de la fe no causa de ella aunque ambas interactúen particularmente en la práctica por la justicia. En este sentido la EC está siempre entre la vocación y la misión.

Alcances de la Educación Cristiana

a.  Educación Cristiana familiar
La familia es un espacio significativo de EC en particular para la iniciación en la fe. Es generalmente una educación informal.

b.  Educación Cristiana eclesial
La EC vivida y desarrollada dentro de la comunidad de fe implementa o prolonga la iniciación en la fe ya mencionada. Dentro de la convivencia comunitaria, de la liturgia, del servicio a la comunidad, etc., se desempeña una tarea educativa informal propicia al desarrollo de la fe. Además se da en la iglesia local una enseñanza bíblica y una transmisión de la tradición que en nuestras iglesias llamamos Escuela Dominical. Es una educación no-formal.

c.  Educación Cristiana especializada o ministerial
Por EC especializada, ministerial o teológico-pastoral me refiero a los esfuerzos que realizan las iglesias para la formación de sus líderes y ministros, varones y mujeres, laicos como ordenados, pastores como teólogos, con los más variados niveles de escolarización y de especialización. En otros términos la EC especializada se lleva a cabo en primer término en el instituto bíblico, en el seminario teológico y en la facultad de teología pero también en varias otras instancias menos institucionalizadas y formalizadas. Abarca una educación tanto formal (hasta la educación superior universitaria) como no formal.
La ET se encuentra dentro de esta categoría. Sin embargo uso la expresión de EC especializada para que se entienda que hay ET también en los otros tipos descritos.

d.  Educación Cristiana escolar
En nuestro país, la expresión EC escolar ha sido sinónima de educación religiosa o, más precisamente de clase de religión. Por mucho tiempo se ha dejado entender que la única religión era cristiana y católica.
Es legítimo que una EC escolar se plantee metas a nivel cognitivo (la socialización de símbolos, contenidos, formas, organizaciones, etc. ligados a la fe cristiana) a nivel procedimental (la capacidad de distinguir entre diferentes manifestaciones religiosas) y valórica (el aprendizaje de una convivencia y un diálogo con otras experiencias religiosas). Según mi perspectiva queda fuera de su alcance legítimo la pretensión y la posibilidad de iniciar o reforzar la fe individual o comunitaria.

e.  Educación Cristiana diaconal
Hoy muchas personas e instituciones, inspiradas por la fe cristiana, desarrollan actividades formativas en el campo de la salud, del desarrollo y de la defensa del medio ambiente y las relacionan directamente o no con propuestas educativas. Estas iniciativas están relacionadas a veces con la Educación Popular. Bien entendido el término diaconía o diaconal se refiere a un servicio desinteresado de la Iglesia a los más necesitados y no a un gancho para un proselitismo larvado.

f.  Educación Cristiana popular En América Latina la Educación Popular es un amplio movimiento que recalca y subraya la dimensión política de la educación en general y que la integra a las luchas por una sociedad más justa e incluyente con oportunidades iguales para todas y todos. Cuando cristianas o cristianos se comprometen con los movimientos sociales en nombre de su fe, la EP debe ser considerada como ligada a la EC.

Tres tipos de Educación Teológica

Distingo tres tipos de EC o de ET que tendrían que estar íntimamente interrelacionados.

a.  Educación Teológica popular
La ET popular es una socialización de experiencias, saberes y sentires de la comunidad misma; rescata y recalca la fuerza de la memoria histórica y del testimonio de fe de las y los excluidos que ya no confían en nadie sino en Dios. Expresa la sed de aprender una fe transformadora contra formas religiosas que fueron usadas para aplacar la esperanza y la construcción de un mundo diferente. Entre resistencia y afirmación de utopía, la ET popular lee e interpreta los signos de los tiempos desde el deseo, el sueño, la imaginación y las expresiones de lucha de las y los excluidos. (Se implementa principalmente de manera informal.)

b.  Educación Teológica pastoral
La ET pastoral es un acompañamiento a la peregrinación de la comunidad cristiana que sigue los pasos del carpintero de Nazaret, conducida por el Espíritu Santo. En la construcción y en la celebración de nuevas relaciones humanas va experimentando la fuerza transformadora del mensaje cristiano y creando un nuevo lenguaje para comunicarla. Reinterpreta y articula los testimonios salidos de la acción transformadora con la relectura bíblica y teológica usando comunitaria y críticamente los estudios y aportes de los teólogos profesionales. (En los hechos, transita principalmente por una educación no formal.)

c.  Educación Teológica profesional
La ET profesional es la sistematización cada vez contextual y provisoria de los testimonios y de las prácticas de fe confrontados con la herencia bíblico-teológica leída desde sus fuentes más originales y traducida en un lenguaje que tenga sentido para quienes están comprometidos hoy y aquí con la construcción de un proyecto de vida para todas y todos. (Tiene mayor desarrollo a través de la educación formal.)

Qué se entiende por Educación Teológica

Retomando los dos apuntes anteriores insisto en afirmar que la ET no está enclaustrada en el seminario o en la facultad de teología sino que se puede expresar, con diferentes niveles de especialización en los ámbitos de la familia, de la iglesia local, de la escuela, de la sociedad, de los movimientos sociales, etc.

"Planteamos una ET abierta a todas y todos los creyentes, que sea permanente a lo largo de su existencia, incidiendo en diferentes ámbitos y grados de especialización. Para ello, la ET dialogará con las prácticas políticas, las expresiones culturales y las ciencias que defienden la vida en todos sus aspectos. Reivindicamos una ET articulada a una teología "jesuánica", elaborada desde una iglesia no centrada en sí misma sino orientada al Reinado de Dios.

Vislumbramos una ET al servicio de la promoción y de la defensa de la vida, que sea contextual, abierta, dialogal, transformadora, interdisciplinaria e intercultural, que asuma y que vaya más allá de las tradiciones y culturas, así como de los modelos pastorales y educativos particulares. Queremos que la ET, además de estar al servicio de las iglesias, se deje interpelar también por las teologías explícitas o implícitas de las tradiciones religiosas y culturales ancestrales y contemporáneas de Abya Yala. Así, nos referimos a una ET asumida desde la fe cristiana pero en un contexto y en una perspectiva interreligiosos." (Manifiesto por una ET de calidad SPT 2008: 2)

IV. CONTEXTO MULTICULTURAL DE LA EDUCACIÓN TEOLÓGICA EN BOLIVIA

Bolivia es un país en el cual las palabras cultura, religión, iglesia, teología, educación, ET tendrían que ponerse siempre en plural. Vivimos con una realidad que tiene una extrema diversidad y la misma es poco reconocida. Entiendo al campo religioso como algo que pertenece al campo cultural en general. Ambos están en una dinámica constante de reproducción, de adaptación y de transformación y no se los puede interpretar fuera del contexto mayor aun de las relaciones sociales y económicas.

Refiriéndome solamente al campo religioso, menciono apenas unos grandes tipos de creencias:

  • Religiones ancestrales (con diferencias notorias entre tierras altas y tierras bajas)
  • El catolicismo, mejor dicho los catolicismos (popular, oficial, carismático, progresista, ultraconservador, etc.)
  • Protestantismo evangélico histórico
  • Evangelicalismo
  • Pentecostalismo y neopentecostalismo
  • Milenaristas
  • Grupos para cristianos
  • Grandes religiones (judaísmo, islam, budismo, hinduismo, etc.)
  • Nuevos movimientos religiosos (new age, espiritualidades orientales, etc.)
  • Filosofías ateas o creencias no religiosas
  • Etc.

Algunas hipótesis a desarrollar:

a.  Las diversas expresiones religiosas mantienen, conscientemente o no, contactos entre sí y se influencian recíprocamente de alguna manera. Ninguna expresión religiosa logra conservar una identidad totalmente pura porque las personas que las practican conviven necesariamente con otras, dentro y fuera de su entorno religioso.

b.  En el mundo y en la familia cristiana las fronteras son cada vez más difíciles de discernir: cada cual se presta expresiones litúrgicas, doctrinas, formas de organización, de los demás. (En el campo resulta difícil o imposible discernir un cultos bautistas, presbiterianos, metodistas o luteranos de cultos pentecostales).

c.  Cada una de estas expresiones religiosas tiene sus propias formas de educación teológica aunque no todas se den a nivel de educación formal. Por ejemplo, los ritos ancestrales se socializan, transitan, se recreanoralmente de generación en generación: ese proceso de socialización religiosa es un tipo de ET.

Sociológica y antropológicamente hablando se puede describir nuestra realidad como multicultural y multireligiosa. La multiculturalidad se limita a constatar las diferencias y, en el mejor de los casos, a buscar relaciones de respeto y de tolerancia mutua.

V. ENTRADA BIOGRÁFICA

A esta altura de nuestra conversación podríamos realizar un taller para saber qué resonancia tienen las observaciones algo teóricas que hicimos hasta ahora en la vida de cada una y de cada uno. Mejor dicho que cada cual logre definir en qué medida su fe y su identidad cristiana es fruto de un entramado de influencias culturales y religiosas muy diversas, debido a la educación en general y a la educación religiosa en particular.

Pensando en nuestra historia y genealogía religiosa personal, ¿cuántas tradiciones religiosas diferentes encontramos en nuestras familias? Pensando en el legado de nuestras y nuestros abuelos, padres, parientes, pensando en las escuelas que frecuentamos, en las iglesias donde nos congregamos. ¿Alguien aquí podría afirmar que todo su entorno, toda su educación, todo su recorrido religioso, espiritual, etc., se ha dado en un molde único?

Sin negar ni relativizar nuestra adhesión a una iglesia particular y sin necesidad de cuestionar este compromiso, tenemos que reconocer que hemos heredado y seguimos recibiendo muchas otras influencias, a lo largo de toda nuestra vida.

VI. LA INTERCULTURALIDAD: UN PROYECTO Y UNA ESPERANZA

¿Por qué introducir a la interculturalidad en la discusión sobre ET en Bolivia? Las cuatro entradas anteriores nos hicieron constatar varios desencuentros y desfases dentro de la ET:

  • Falta de reconocimiento de la diversidad existente dentro de la Iglesia con desfases entre la formación de futuros ministros ordenados y formación para todos los otros ministerios y para el Pueblo de Dios en general.
  • Falta de complementariedad entre las diversas expresiones de la EC.
  • Fala de aceptación de las diversas tradiciones, experiencias, doctrinas al interior de la gran familia cristiana.
  • Desfase entre la cultura que domina en la ET de nuestros seminarios y la diversidad y complejidad cultural que vive nuestra gente y nuestro país.

Frente a visiones unilaterales, limitadas y reductoras a un solo enfoque, la multiculturalidad es un avance: constata la diversidad y las diferencias. Por su parte, la interculturalidad es un proyecto más ambicioso que se pregunta sobre la posibilidad de una convivencia creativa, transformadora entre diversos. Así como existen casos desastrosos de exclusión, persecución, intolerancia religiosa así también existen experiencias de acercamiento mutuo, de aprendizaje conjunto, de enriquecimiento recíproco, etc. Estas experiencias se dan mucho en la vida cotidiana, en la vida amorosa, en el caminar con el otro, en el silencio, en las luchas por un mundo más justo, etc. ¿Cómo trasladarlas también al campo de la ET?

Principios básicos

Evoco rápidamente algunos principios básicos de interculturalidad como fruto de un diálogo intercultural:

  • Para hablar de interculturalidad hay que crear condiciones mínimas de equidad que permitan el encuentro. No se puede esperar que las relaciones sean totalmente simétricas pero cualquier diálogo tiene que estar consciente del contexto de quienes dialogan, reconocer las desigualdades y buscar superarlas.
  • El diálogo nace del reconocimiento de la incompletud de la persona humana, de toda cultura y religión. Nadie puede vivir sin las y los demás. Ninguna cultura ni religión se autoabastece, ninguna es absoluta y cuando pretende serlo se vuelve idolatría.
  • El diálogo está facilitado cuando sus actores comparten algo en común, un compromiso, sea espiritual, religioso, cultural, laboral, de ocio, de goce, etc. El diálogo presupone una apuesta común sobre la capacidad de la persona y de los grupos humanos a tolerar, a abrirse, a cambiar.
  • El diálogo requiere de un descentramiento de cada parte: la capacidad de ponerse en el lugar de la otra y del otro para experimentar lo que siente, piensa, teme, espera, etc.
  • El diálogo con la y el otro uno expone su vulnerabilidad: revela sus limitaciones, insuficiencias y fallas. Reconoce que necesita de la otra y del otro. Puede aprender de él, cambiar con él. Es un movimiento de ida y vuelta entre la adhesión y la distancia.
  • El diálogo permite lanzar puentes entre la identidad y la alteridad. No es una amenaza para la identidad, algo susceptible de perturbar o debilitarla. La verdadera identidad se construye siempre con y frente a la otra y al otro.
  • El diálogo lleva al descubrimiento y a la afirmación de una identidad relacional siempre desafiada desde adentro y desde afuera; no es la negación de las identidades particulares para fundirlas en un molde común.

Una racionalidad plural

La interculturalidad hace a las relaciones entre seres humanos, entre culturas, entre religiones. Además tiene que ver con otras maneras de pensar, otras racionalidades, la apertura a otras maneras de razonar, de sentir, de expresarse, de vivir las experiencias fundantes de la vida humana: el nacimiento, el amor, la alegría, el sufrimiento, la muerte, etc.

Esa racionalidad plural tiene, entre otras, las características siguientes:

es contextual es decir conscientemente marcada por las circunstancias económicas, políticas, culturales en las que se mueve;

es ética-política liberadora: frente a un mundo que va al despeñadero opta conscientemente por un proyecto alternativo, que ponga a la vida (de los seres vivos y del cosmos) en el centro de sus preocupaciones y prácticas;

es inédita: abierta a lo que viene, acogedora de otras posibilidades y soluciones, a otros lenguajes;

es relacional e intersubjetiva basada en la interacción entre identidad y alteridad siempre y cuando ambos términos no estén considerados como esencias anteriores a la relación entre ambos;

es descentrada;

es vital, narrativa y sentiente, dándole importancia y lugar a la experiencia, al testimonio, al símbolo, a la sabiduría, al arte, al cuerpo, etc.;
es interdisciplinaria, capaz de pensar simultáneamente a partir de diversos enfoques y disciplinas del saber;

es intrasubjetiva e intracultural.

Qué tiene que ver la Educación Teológica con la interculturalidad

Nuestra definición de la ET mencionaba:

  • una actividad que involucra a todas y todos los creyentes,
  • un proceso que abarca todas las etapas de la vida,
  • un aprendizaje que pasa por el diálogo,
  • un proceso de acción-reflexión con varios grados de especialización,
  • la exigencia de dialogar con otras culturas, otras disciplinas y ciencias,
  • la exigencia de defender la vida,
  • una identidad cristológica entendida como seguimiento a Jesús de Nazaret y a su movimiento,
  • una iglesia abierta centrada en el Reinado de Dios y no en sí misma,

centrada sobre el mensaje de la fe cristiana pero abierta al diálogo con otras expresiones culturales y religiosas del contexto.

La ET es una práctica y una reflexión que está en tensión entre diferentes actores, entre diferentes contextos y culturas, entre diferentes instituciones, entre diferentes modelos de Iglesia, entre diferentes proyectos de sociedad. Es algo que resulta del encuentro entre diferentes disciplinas en particular de la teología como de la pedagogía, algo que nos ocupará en las dos siguientes puertas de entrada.

VII. ¿QUÉ CLASE DE TEOLOGÍA NECESITAMOS?

(1) La Sabiduría proclama,
la inteligencia levanta la voz.
(2) En lugares elevados junto al camino,
de pie en el cruce de las sendas,
(3) junto a las puertas, a la entrada
de la ciudad, en los accesos
a los portales grita.
Proverbios 8: 1-3

 

Una sabiduría que se encuentra en el cruce de los caminos, en lugares de entrada y de salida, ahí donde la gente camina, se encuentra, transita, se separa, etc. Encuentro ahí una imagen bíblica de la teología en perspectiva intercultural.
Todas las teologías están marcadas por sus contextos y por sus culturas. Esta afirmación es tan banal como grave. Plantea la relatividad radical de la teología cristiana que no tiene nada que ver con la relatividadde la fe cristiana. La fe como don de Dios no es algo relativo pero cualquier intento de racionalizarla, de expresarla, de defenderla, etc., sí es relativo. Confesamos nuestra seguridad en que el Espíritu de Dios, el Espíritu de Jesucristo permite a la Palabra comunicarse en los contextos y culturas más diversos. Confiamos en que la teología es una herramienta en ese proceso pero es una herramienta que debe ser constantemente discutida, repensada, reinterpretada… no desde cero sino desde los avances que ha tenido a lo largo de la historia del cristianismo en general. Más allá de mi iglesia, denominación, sexo, generación, nacionalidad, etc.

Falta mucho para avanzar en la construcción de teologías que respondan al contexto boliviano con su diversidad cultural y religiosa.

El mayor desafío consiste en articular tres exigencias, a veces contradictorias:

  • Sujetarse a la prioridad de la Palabra de Dios sobre la palabra humana, a la anterioridad de la llamada y de la Promesa respecto a nuestras preguntas y respuestas.

Nos preguntamos sobre el sentido de la vida, sobre la fe delante de Dios.

  • Reconocer la teología como una disciplina del saber con exigencias, métodos, desafíos propios.

Nos preguntamos sobre el sentido de la vida, sobre la fe tomando en cuenta las muchas respuestas que el Pueblo de Dios ha elaborado a lo largo de su historia y en circunstancias de extrema diversidad.

  • Construir una teología que diga algo a nuestras comunidades cristianas y más allá de ellas a nuestras culturas, nuestra sociedad, nuestros problemas como personas y como sociedad.

Nos preguntamos sobre el sentido de la vida, sobre la fe a partir de los desafíos de nuestro contexto propio.

Si tomamos en cuenta una sola de estas exigencias o si acentuamos unilateralmente una de las tres dejando a las otras de lado, llegamos esquemáticamente a las situaciones siguientes:

  • Un pietismo o espiritualismo desencarnado basado en una visión del ser humano desprovisto de razón y de cuerpo, de necesidades y deseos, de capacidad de pensamiento. Lo que técnicamente se llama fideísmo: la fe lo resolvería todo, el ser humano no tendría más responsabilidad que entregarse ciegamente en los brazos de Dios.
  • Una visión racionalista y universalista confiada en los aportes de la teología como ciencia. En última instancia habría una sola teología válida para el sur y el norte, para mujeres y varones, para indígenas, negros y blancos, para ricos y pobres, etc. La teología se produce en los centros teológicos del Norte quienes tienen las herramientas necesarias para hacerla avanzar. Habría una teología dominante que sería la teología de los dominadores.
  • Una visión parcial o provincial de la teología. Esta tendría impacto para mi comunidad, mi entorno, mi cultura pero estaría imposibilitada de comunicarse y de discutir con las otras teologías que se producen en el mundo y en particular con las teologías sofisticadas del Norte.

Con todo respeto sospecho que las teologías que conocemos, practicamos y reproducimos en nuestro país pertenecen a las dos primeras categorías. Son descontextualizadas y dicen poco o nada a nuestra gente, a nuestras culturas, a nuestra realidad socio-económica y política. Con ello no planteo dar vuelta a la tortilla es decir abandonar las dos primeras exigencias exclusivamente a favor de la tercera. La teología se encuentra frente a un triple desafío:

  • dar cuenta de sus avances y propuestas, de su pequeñez y humildad frente al Evangelio y al Dios de la vida;
  • dar cuenta de su seriedad, de su rigurosidad, de su capacidad de debatir y dialogar con los avances acumulados a lo largo de los siglos del cristianismo;
  • encontrar el lenguaje y fomentar prácticas transformadoras que den razón de nuestra esperanza (I Pe. 3:15) en las circunstancias que nos tocan vivir.

Lo anterior vale para todas las áreas del quehacer teológico.
Por ejemplo para las ciencias bíblicas que deben superar el fundamentalismo, el cientificismo frío, y la mera analogía entre texto y contexto. Es el desafío hermenéutico que consiste, siguiendo los pasos de Pablo en Atenas de combinar continuidad y ruptura (Hech. 17: 22-37).

Vale para la teología sistemática en la búsqueda de combinar la transmisión y fortalecimiento de la identidad propia en diálogo con los otros.
Vale para la teología práctica y su búsqueda de un testimonio cada vez renovador y transformador del contexto y de las culturas.

Exige una relación con ciencias no teológicas como la filosofía, las ciencias sociales y humanas, las ciencias duras para que la teología no esté vista como una fantasía infantil o alienadora. Etc.

Retomando el hilo de esta charla, una teología capaz de articular y equilibrar las tres dimensiones mencionadas cumpliría con los requisitos de la interculturalidad entendida en sentido amplio. El desafío es gigantesco y no lograremos enfrentarlos de manera aislada y solitaria.

Encuentro el hilo más directo entre la teología y la ET en perspectiva intercultural en el principio eclesiológico fundamental de la Reforma protestante es decir en el Sacerdocio universal de las y de los creyentes. Mediante el bautismo nos volvemos todas y todos ministros, con ministerios ligados a la enorme diversidad de los dones que recibimos. En esta perspectiva la ET no puede ser algo reservado a pastores ordenados sino que abarca a todo el Pueblo de Dios.

VIII. ¿QUÉ CLASE DE PEDAGOGÍA NECESITAMOS?

Para contestar mínimamente a esta pregunta tendríamos que aclara mínimamente la especificidad y los alcances de la pedagogía como disciplina del saber y del quehacer humano; haría falta visitar o revisitar las diferentes corrientes y propuestas pedagógicas que se dan en nuestro entorno para buscar cuáles tienen mayor sintonía con las metas de la ET. En vez de ello hago una constatación y menciono apenas dos desafíos.

a.  La preparación pedagógica de quienes enseñan ET
Las y los profesores que enseñan en nuestros seminarios han sido escogidos generalmente porque eran buenos pastores, en algunos casos porque estudiaron teología más a fondo pero me atrevo a decir que casi nunca se les ha exigido una mínima formación en el campo pedagógico ni didáctico. Para polemizar diría que muchas maestras de escuela dominical o muchos profesores de religión en colegio tienen más sensibilidad y competencia pedagógica que quienes enseñamos teología a nivel universitario.

b.  Revisar las relaciones entre teología y pedagogía
En muchos casos la EC y en particular la ET no le otorgan atención a la parte pedagógica porque apuestan que la Verdad se transmite por sí sola.
En otros casos la ET reconoce sus propias limitaciones en el campo de la comunicación y acude a la pedagogía como quien busca instrumentos para ser más eficaz. Una relación interdisciplinaria es de ida y vuelta no puede ser instrumental.

c.  Reafirmar algunos principios pedagógicos básicos:

La educación está siempre tensionada entre la reproducción de conocimientos y la creación de otros nuevos e inéditos.

En cualquier tipo de educación y en la ET en particular todos tenemos conocimientos, saberes y creencias previas y que no vamos a aprender nada sino es a partir de ese trasfondo.

En cualquier relación educativa tanto el educando como el educador se van transformando.

En educación el saber y el poder están interactuando siempre. La pregunta consiste en saber cómo se ejerce y se reparte este poder: se concentra en manos del educador o sirve para el empoderamiento del educando.

La pedagogía requiere que las experiencias de formación estén siempre registradas y sistematizadas para no improvisar ni empezar siempre de cero.

En el proceso de interpretación y de transmisión de los saberes estos se ven afectados y transformados. (Esto vale para el Evangelio mismo. El que nos llegó no es exactamente el mismo que el que le llego a San Agustin, a Lutero, a Calvino, a Juan Wesley, a los fundadores de nuestras iglesias en Bolivia, a usted, a mí, etc.).

IX. PROPUESTAS DE CARA A UNA EDUCACIÓN TEOLÓGICA INTERCULTURAL

Si hubiera entre nosotros un consenso mínimo sobre el diagnóstico de la ET, sobre las tareas pendientes de la teología y de la pedagogía, llegaríamos sin mayores dificultades a reconocer que en nuestro contexto:

  • Son pocas o no existen las denominaciones ni las iglesias que tienen la capacidad de cumplirlas mínimamente por sí solas las exigencias del interculturalidad.
  • En el campo de la ET (probablemente como en el de la misión, de la diaconía, de la comunicación, etc.) estamos obligados a colaborar (poniendo a esa colaboración el nombre que se le quiera poner);
  • Una colaboración en el campo de la ET implicaría que hagamos el esfuerzo de definir un tronco común entre las diferentes tradiciones, opciones y expresiones que se manifiestan en el mundo evangélico por ejemplo; uno de los efectos saludables de este esfuerzo seria de entrar en diálogos profundos y verdaderos sobre nuestras pretendidas especificidades.

(Por ejemplo sentarnos para construir una introducción a la Biblia a partir de las herramientas más solidas que existen hoy tomando en cuenta nuestras tradiciones pentecostales, evangélicas, protestantes históricas y de cara a nuestro contexto.

Reescribir una historia de la Reforma protestante desde una perspectiva hermenéutica latinoamericana en vez de oponer las visiones que pudieran tener en Europa un luterano ortodoxo o un menonita heredero de la reforma radical. Sería interesante preguntarse porque sectores cada vez más amplios del pentecostalismo –como en Chile por ejemplo- encuentran en el 31 de octubre de 1517 una fecha fundante para su propia identidad.)

  • Definido en la ET un mínimo tronco común reseñando las fortalezas bíblicas, teológicas y pastorales instaladas que pudieran ser de utilidad para los demás. Partir de esta discusión y no de la lucha por espacios institucionales como la búsqueda por parte de instituciones grandes de ir copando a pequeñas debajo de un techo oficial y reconocido por las instancias gubernamentales.
  • Crear centros de formación y de producción teológica propia en vez de preservar pequeños enclaves de reproducción de la enseñanza y de la literatura teológica que nos llega de afuera.

Una agenda pendiente: las demandas

Señalé en el diagnóstico que la ET existente sigue principalmente un currículo predeterminado, generalmente heredado de otros tiempos y modelos, que no recoge ni se construye a partir de las demandas de las y los actores que intervienen en este proceso. Una vez más quiero recalcar la diversidad de las demandas que están en juego y apostar a la posibilidad de que entren en juego, que se complementen mutuamente, en fin que actúen interculturalmente. Aunque estén poco o nada reconocidas, las demandas presentes en la ET provienen por lo menos de los siguientes sectores o personas:

  • estudiantes,
  • docentes,
  • familias de las y los estudiantes,
  • iglesias en cuanto comunidades locales que tienen expectativas sobre sus futuros pastores, diáconos, etc.
  • instituciones mismas de ET,
  • aparatos eclesiásticos nacionales o misioneros,
  • academia.

Además de ellas existen otras, probablemente más difíciles de percibir y que provienen de actores indirectos, tales como:

  • El Estado en la medida en que tiene una herencia de relaciones con lo religioso, con las iglesias, etc.
  • Los movimientos sociales, organizaciones culturales, religiosas (de otra vertiente), sociales y políticas.

Asumir el reto de la interculturalidad en ET significaría por ejemplo crear espacios para que las diferentes demandas se expresen; fomentar la posibilidad de que interactúen, que se llegue a negociaciones sobre cómo integrarlas sin presuponer autoritariamente que el programa del seminario o de la iglesia represente la única ni la mejor solución a ese problema.

Multiplicar los intercambios dentro y entre nuestros centros de formación, dentro y entre nuestras denominaciones y nuestras iglesias.

Salida

Recordaré nuevamente a Mateo planteando preguntas impertinentes.
La levadura de nuestra ET ¿está dispuesta a mezclarse con la masa, con otras lecturas e interpretaciones del Evangelio, con otras culturas?
¿Es una levadura para que la masa se levante?, ¿para que el pan del Reino de Dios esté al alcance de nuestras comunidades y de nuestro país?
¿Preferimos seguir preservando en forma aislada nuestra propia levadura? Esa levadura que se cree pura, que se seca, que favorece apenas a algunos grupos de poder o a pretendidos escogidos.

"Entonces entendieron que no hablaba de cuidarse de la levadura del pan, sino de la enseñanza de los fariseos y saduceos."